Una lista de tareas del día con casillas marcadas junto a un juego de llaves

Entre noviembre y Semana Santa, el agua duerme en las tuberías del sanitario casi seis meses. El primer fin de semana caluroso de abril treinta clientes abren las duchas a la vez, y lo que ha crecido en las conducciones se convierte en niebla fina en una sala cerrada. Al mismo tiempo, el contenedor que nadie vació en octubre recibe de golpe la basura de un camping lleno. El agua y los residuos en el camping no son un asunto de papeles: son la semana anterior a la apertura, y también la factura que más crece sin que nadie la mire. Este artículo ordena lo obligatorio y lo que ahorra dinero.

De dónde viene tu agua, y quién tiene que saberlo

Hay dos situaciones. Si estás conectado a la red municipal, la calidad del agua antes del contador no es tuya, pero todo lo que viene después sí lo es por completo: la red interior, los acumuladores, los grifos, las duchas.

Si tienes captación propia, un pozo o un manantial, el asunto cambia. El agua de consumo humano está regulada por el Real Decreto 3/2023, que establece los criterios de calidad y las obligaciones de los gestores del abastecimiento, incluido el autocontrol y la información en el sistema nacional de agua de consumo. Lo que se te aplica concretamente depende del volumen, del tipo de instalación y de tu comunidad autónoma, así que si no sabes con certeza en qué situación administrativa está tu pozo, esa es la primera llamada del invierno: pregunta a la autoridad sanitaria de tu comunidad qué te corresponde y guarda la respuesta por escrito con los planos.

Comprueba también la separación de redes. Un agua no destinada a consumo humano, para riego o para baldeo, debe estar estrictamente separada de la red potable, señalizada con claridad y protegida contra retornos. Una derivación improvisada hace veinte años es justo lo que nadie encuentra antes de una inspección.

Legionelosis: lo que ahora hay que tener por escrito

El riesgo sanitario real de tu red interior no es el agua que llega, es el agua que se queda quieta. El Real Decreto 487/2022 establece los requisitos para la prevención y el control de la legionelosis, y exige a los titulares de las instalaciones de riesgo un plan de prevención y control por escrito, con la identificación de las instalaciones, el programa de mantenimiento, los puntos y la frecuencia de muestreo y el registro de todo lo que se hace. Las duchas de uso colectivo entran en ese ámbito.

Las tres reglas que cubren la mayor parte de la práctica son siempre las mismas. La temperatura: el agua caliente sale del acumulador a temperatura alta y no debe volver templada por el retorno. Bajar la consigna en noviembre para ahorrar es comprarse un problema en abril. La estancación: define un plan de purgas para el invierno y la temporada baja, con qué puntos, cada cuánto, durante cuánto tiempo, quién lo hace y dónde se firma, y aplícalo también a los bloques cerrados y a los bungalows sin alquilar en preapertura. Y los tramos muertos: todo camping reformado durante cuarenta años los tiene, la derivación cortada al antiguo lavadero, la acometida del quiosco que ya no existe. Una tubería cerrada con una llave no es una tubería retirada, es un depósito. Hazlas desmontar y actualiza el plano. Limpia o cambia las alcachofas de ducha y los aireadores, que son las piezas que generan el aerosol.

Contrata el laboratorio en marzo, no en junio, y asegúrate de que la instalación tiene puntos de muestreo adecuados y señalados en el plano.

Residuos: tu basura es comercial, no doméstica

Un camping genera residuos comerciales, no residuos domésticos, y eso tiene una consecuencia práctica que sorprende a muchos: no basta con el contenedor de la calle. Según la ordenanza de tu ayuntamiento, puede corresponderte un contrato con un gestor autorizado para parte o para todas las fracciones, y en cualquier caso te corresponde entregar cada fracción a quien esté autorizado a recibirla.

Lo que conviene cerrar antes de la temporada:

Dónde se va el consumo, de verdad

Antes de invertir, mide. En un camping el consumo de agua casi nunca está donde se cree. Las fugas invisibles en la red enterrada son la primera partida y no se ven nunca: lee el contador general una noche a las once y otra vez a las seis de la mañana con el camping cerrado y nadie usando nada. Si ha subido, tienes una fuga, y esa es la obra que se paga sola.

Después vienen las cisternas y los grifos de los sanitarios, donde los pulsadores temporizados y los aireadores ahorran más que cualquier cartel; el riego, que conviene pasar a goteo y a horario nocturno; y la piscina, donde los contralavados mal ajustados y las pérdidas por evaporación en vasos sin cubierta se llevan un volumen notable. Si estás en una zona con restricciones por sequía, ten claro de antemano qué niveles existen en tu municipio, qué se corta en cada nivel y qué mensaje enviarás a quien tenga reserva.

Anota los consumos mes a mes y ponlos al lado de las noches vendidas del mismo mes. Es la única comparación que te dice si una mejora funcionó. En CampSuite tienes los informes de ocupación e ingresos por periodo, así que el consumo por noche ocupada deja de ser una intuición, y los avisos a quien ya ha reservado salen de la propia reserva y quedan registrados. Puedes verlo en funcionalidades y lo que cuesta en la página de precios.

Lista antes de abrir

Parece un asunto técnico, pero es planificación de temporada: el agua que se mueve en invierno no da problemas en verano, y la fuga que se encuentra en marzo no se paga en agosto. Apunta en otoño las purgas, la analítica y la lectura nocturna en el mismo calendario que el resto de la preapertura. Si quieres tener reservas, huéspedes y ocupación por periodo en un solo sitio, mira las soluciones para campings pequeños o escríbenos.